lunes, 24 de enero de 2011

Duerme, mi dulce princesa.

Ahora duerme, mi dulce princesa,
regresa a tu lejano onírico reino
bajo el manto blanco de Morfeo,
allí, donde la paz siempre reina.

Cierra sin temor tus bellos ojos
y desfallece entre mis brazos,
bajando lento peldaño a peldaño
entre las blancas nubes.

Desciende a tu palacio dorado,
lleno de columnas de esperanza
que sostienen el cielo de tu esencia
y que forjaron la bóveda de tu ser.

Arquitectura eterna de quien eres;
ser de bellos arcos a pares negros,
sobre marrones vitrales de tu alma
donde descienden cortinas onduladas.

Déjame contemplar tu frágil reino,
ver a través de la luz de tus vitrales
la suave topografía de tus tierras,
para disfrutar de tus valles y colinas.

Toma mi mano, llévame junto a ti
para reinar tus dominios eternos,
envuelveme en tu dulce manto
blancos de sueños eternos,
gobernemos juntos tu reino etéreo

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